domingo, 1 de agosto de 2010

La verdadera riqueza.


Francisco de Asís nació entre los privilegiados del mundo. Su padre era un rico mercader en telas finas, y su familia podía disfrutar de seguridad, placer y comodidad, ideales que mucho

s traemos en la mente. Francisco vivió su juventud como todo “hijo de papi”…

dándose la gran vida, divirtiéndose a lo grande con sus amigos, los cuales lo nombraron “el rey de la juventud de Asís”, debido sobre todo a su generosidad, ya que el costeaba las constantes fiestas que disfrutaban. El futuro del joven estaba asegurada por la fortuna familiar: Cualquiera podía estar satisfecho… pero Francisco no era un cualquiera… El ansiaba algo más que la riqueza material. Su ambición lo llevo a buscar algo de lo que carecía… la nobleza.

En ese tiempo tener dinero no era tan importante como en nuestra época. En la Edad Media, lo importante era ser noble. Ser nombrado por el rey conde, o marques, o duque… y obtener de el una porción de tierra que quedaría completamente bajo su dominio, con todo y la gente que ahí habitara. La única posibilidad de un plebeyo de ser noble era realizar una notable acción guerrera. Francisco en su primera experiencia bélica, quedo prisionero un año… pero su ambición lo hizo volver a intentarlo. Pero en este segundo intento, Dios lo estaba esperando. Y a una jornada de camino, por la noche, Dios le pregunta a Francisco: ¿A quién te conviene más servir… al siervo o al amo? Y sin duda no solo se lo preguntó, sino que le hizo sentir la dulzura de su presencia… cuando Francisco responde que le conviene servir mas al amo, Dios le dijo… “¿Entonces por que con tanto afán te dedicas a servir al criado?” Y a Francisco de golpe “le cayó el veinte”, de pronto entendió que había desperdiciado su vida caminando en una dirección que no le iba a dar lo que su alma anhelaba. Y de ahí empezó un camino que lo hizo abandonar su riqueza familiar, y lanzarse a buscar esa riqueza que Dios le estaba ofreciendo. Cuando empezó a vivir esa vida, todos pensaban que se había vuelto loco… ¿Cómo era posible que dejara lo que todo mundo anhelaba? Pero en poco tiempo vieron que Francisco en su pobreza era más feliz de lo que lo eran ellos con toda su riqueza. Y es que la comodidad, el placer, la diversión, la seguridad que da el dinero no lo son todo en la vida.

El Evangelio de este domingo Jesús nos previene del peligro de la ambición material. Y nos recuerda que al momento de la muerte, toda la riqueza que acumulemos nos será completamente inútil… Debemos saber enriquecernos de lo que vale ante Dios, que es lo único que nos podremos llevar a la otra vida.

Dios te da veinticuatro horas cada día… ¿en que las utilizas? Con ellas… ¿qué pretendes obtener?

Para lo que no nos interesa nunca tenemos tiempo. Como dice la frase: “el interés tiene pies” Para Dios es claro que no darnos tiempo para sus cosas es un rechazo de su persona. Todo mundo dice: “No voy a la Iglesia porque tengo muchas cosas que hacer” Y es cierto… pero… el principal quehacer es salvar nuestra alma… las otras cosas no nos van a servir de mucho cuando nos llegue el momento de la muerte.

Francisco encontró en Dios la verdadera riqueza, por la que valía la pena dejar todo lo demás. Ojala que tu también descubras lo que en la vida es la verdadera riqueza.

Fr. Fernando Rodriguez O.F.M.

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