jueves, 30 de julio de 2009

Te encuentras disperso, desubicado, nervioso?

Estos ejercicios, si los realizas con seguridad , serenidad, tiempo, perseverancia y diciplina... te van a llevar a recobrar lo mas preciado que tienens despues del don de la existencia... La serenidad, la tranquilidad y la paz de tu interior.

CALMARSE, CONCENTRARSE, UNIFICARSE

***Nerviosismo***
La observación de la vida me ha llevado a la conclusión de que el nerviosismo es un producto típico de la sociedad tecnológica en la que vivimos, y es también una de las causas más importantes de los desencuentros tratemos en las comunidades. Es la enfermedad del siglo.
Entiendo por nerviosismo una superproducció n de energías neuroeléctricas, en estado de descontrol, en una persona determinada. El acento se ha de poner no tanto en la excesiva carga nerviosa cuanto en el concepto de falta de control. Porque si las cargas energéticas estuvieran debidamente controladas y canalizadas, una sobrecarga de energía nerviosa podría enriquecer poderosamente una personalidad.
Esa incapacidad de control debe de tener diversas causalidades; algunas de las cuales están, seguramente, escondidas en niveles inferiores de la personalidad, como, por ejemplo, las deformaciones genéticas, frustraciones. .. Eso lo dejamos por sabido.
Pero la sociedad mecanizada es, según me parece, la fuente principal de los nerviosismos. La televisión y el cine mantienen la imagen en perpetuo movimiento, delante de nuestros ojos. Todas las técnicas buscan la rapidez y la eficacia, y nos meten en una carrera competitiva, casi en estado de «guerra» psicológica. Vivimos inundados de flashes, de noticias de último minutó... Todo eso constituye una agresión a lo más sagrado de una persona: su integridad interior.
¿Qué se siente? Según los cálculos de Marcuse, la producción industrial internacional da a luz a los enemigos que penetran y atacan la interioridad; ellos son la dispersión, la distracción y la diversión. El hombre comienza a desintegrarse íntimamente, se le escapan las riendas de los impulsos. En Jugar de sentirse unidad, se siente como una yuxtaposición de pedazos de sí mismo que tiran de él en todas direcciones: recuerdos por aquí, proyectos por el otro lado, emociones por todos los lados.
Y el hombre se siente vencido, por dividido; derrotado por desintegrado. Esto es el nerviosismo. El fruto es el desasosiego. Dicho vulgarmente, el sujeto se siente infeliz. El último eslabón puede ser eso que llaman stress, es decir, una fatiga depresiva en su estado más profundo, debido a que esa dispersión consumió muchas energías.
Quede, pues, claro: la superproducció n de energía nerviosa proviene de la desintegració n de la unidad interior. No olvidemos cuánta energía libera la desintegració n del átomo de uranio.

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En el último análisis, las enfermedades del alma y los comportamientos inmaduros son acumulaciones nerviosas, instaladas en talo cual campo de la personalidad. Así, por ejemplo, la misma energía, en tal persona y tal situación, toma la forma de envidia. La misma carga energética, en tal persona, toma la forma de tristeza, y así sucesivamente.
Si una persona es irascible por naturaleza, cuando está excitada aumenta la ira. Si otro sujeto sufre manías persecutorias, al estar nervioso se agudiza notablemente el grado maníaco. Si otro tiene tendencias melancólicas, al estar en una crisis nerviosa sus tendencias pueden alcanzar grados muy altos. Cuan- do un grupo está dominado por una crisis nerviosa colectiva, en seguida se hacen presentes las respuestas bruscas y otras reacciones compulsivas.
De estos hechos es fácil sacar unas conclusiones. En primer lugar, es imposible la armonía fraterna entre hermanos tensos. En segundo lugar, cualquier ejercicio que los ayude a relajarse y controlarse es un auxilio inestimado e imprescindible para crear una verdadera fraternidad.

Ejercicios para serenarse
Quiero hacer constar que todos los ejercicios que voy a describir a continuación los he utilizado yo mismo numerosas veces con miles de personas, en los Encuentros de experiencia de Dios} a fin de preparar a los grupos para el momento de la intimidad con Dios.
A lo largo de estos años he ido puliéndolos, cambiando muchos detalles, según los resultados que yo mismo observaba, buscando siempre la mejor practicidad. Expresamente voy a omitir aquí ejercicios complicados. Ofrezco unos medios, simples y fáciles, que cualquier principiante puede practicar por sí mismo y sin necesidad de guía, y con resultados positivos.

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Advertencias

1) Todos los ejercicios deben hacerse lentamente y con gran tranquilidad. No me cansaré de repetirlo. Cuando no se consigue el fruto normal, generalmente es porque falta serenidad.

2) Todos estos ejercicios pueden hacerse con los ojos cerrados o abiertos. Si se ejercita con los ojos abiertos, tenlos fijos (no rígidamente sino relajadamente) en un punto fijo, sea en la lejanía o en la proximidad. A cualquier parte que mires, lo importante es «mirar hacia dentro».

3) La inmovilidad física ayuda a la inmovilidad mental y a la concentración.

Es muy importante que durante todo el ejercicio se reduzca la actividad mental al mínimo posible.

4) Si en el transcurso de un ejercicio comienzas a agitarte, lo que al principio sucede con frecuencia, déjalo por el momento. Cálmate por un instante y vuelve a comenzar. Si alguna vez la agitación es muy fuerte, levántate y abandona todo por hoy. Evita en todo momento la violencia interior.

5) Ten presente que al principio los resultados serán exiguos. No te desalientes. Recuerda que todos los primeros pasos, en cualquier actividad humana, son dificultosos. Se necesita paciencia para aceptar que el avance sea tan lento, y mucha constancia.

Los resultados suelen ser muy dispares. Habrá días en que consigas con facilidad el resultado esperado. Otras veces todo te será difícil. Acepta con paz esta disparidad y persevera.

6) Casi todos estos ejercicios producen sueño, cuando se consigue el relajamiento. Es conveniente practicarlos en las horas más desveladas.

Para los que sufren de insomnio, se aconseja hacer cualquiera de los tres primeros ejercicios, sobre todo el primero, al acostarse. Diez minutos de ejercicio lo sumirán en un plácido sueño.

7) Después de experimentar todos los ejercicios, puedes quedarte, según el fruto que percibas, con aquel o aquellos que te vayan mejor. Puedes hacer una combinación con varios de ellos. Puedes también introducir modificaciones en cualquiera de ellos si observas que así te va mejor.

8) Después de un grave disgusto, de un momento fuertemente agitado o de una fatiga depresiva, retírate a tu cuarto; y unos quince minutos de ejercicio pueden dejarte parcial o totalmente aliviado.

Para perdonar, para librarte de obsesiones o estados depresivos, utiliza estos ejercicios. Al principio no conseguirás resultados. Más tarde sí, sobre todo si te dejas envolver por la presencia del Padre.
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Preparación
A cada ejercicio debe preceder esta preparación. Siéntate en una silla o en un sillón. Toma una postura cómoda. A ser posible, no recuestes las espaldas. Haz que el peso de tu cuerpo caiga equilibradamente sobre la columna vertebral, recta. Pon las manos sobre las rodillas, con las palmas hacia arriba y los dedos sueltos.
Estate tranquilo. Ten paz y calma. Sin demorar mucho, ve «tomando conciencia» de los hombros, cuello, brazos, manos, estómago, piernas, pies... y «siéntelos» sueltos.
Sé un «observador» de tu movimiento pulmonar. Acompaña mentalmente el ritmo respiratorio. Distingue la inspiración de la expiración. Respira profundo pero sin agitarte.
Cálmate. Ve poco a poco desligándote de recuerdos, impresiones interiores, ruido y voces exteriores. Toma posesión de ti mismo. Permanece en paz.

Esta preparación debe durar como unos cinco minutos y nunca debe faltar al principio de cualquier ejercicio.

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Puedes hacer estos ejercicios, si quieres, sentado en el suelo, sobre algún cojín, cruzadas las piernas (si eso te molesta, con las piernas estiradas), apoyándote ligeramente en la pared con todo el tronco (inclusive la cabeza), de tal manera que te sientas completamente descansado, y haz la preparación indicada.
Se puede hacer también acostado en el suelo (sobre una alfombra: eso beneficia a la columna) o en la cama, boca arriba, extendidos los brazos junto y a lo largo del cuerpo, a ser posible sin almohada.
Si en cualquiera de estas posturas sientes molesto algún músculo o miembro, debes cambiar de posición hasta encontrar la postura descansada.
Ejercicio del VACIO

¿Qué se pretende?
Sucede que las tensiones son acumulaciones nerviosas, localizadas en los diferentes campos del organismo. La mente (el cerebro) los produce, pero se sienten en los' diferentes lugares del organismo. Si paramos el motor (la mente), entonces aquellas cargas energéticas desaparecen y la persona se siente descansada, en paz.
Este ejercicio consigue, pues, dos cosas: relaja- miento y control mental.
¿Cómo se 'practica?
Puede practicarse de cualquiera de estas tres maneras:
a) Primero, preparación. Después, con gran tranquilidad, detén la actividad mental, «siéntete» como si tu cabeza estuviera vacía, «experimenta» como si en todo tu ser no hubiera nada (pensamientos, imágenes, emociones... ), páralo todo. Te ayudará a conseguir esto ir repitiendo suavemente: nada... nada, nada...
Haz eso durante unos treinta segundos. Luego descansa un poco. Después vuelve a repetirlo. Y así, practícalo unas cinco veces.
Después de practicar bastante, tienes que sentir que no solamente tu cabeza sino también todo tu cuerpo, todo está vacío, sin corrientes nerviosas, sin tensiones. Sentirás alivio y calma.
b) Preparación. En el primer momento, cierra los ojos; imagínate estar ante una inmensa pantalla blanca. Con esto, tu mente queda en blanco, sin imágenes ni pensamientos durante unos treinta segundos más. Abre los ojos. Descansa un poco.
En el segundo momento, cierra los ojos; imagina estar ante una muralla oscura. Permanece en paz. Tu mente quedará a oscuras, sin pensar ni imaginar nada durante unos treinta segundos más. Abre los ojos. Descansa un poco.
En el tercer momento, imagina estar ante una piedra grande. Esa piedra «se siente» pesada, insensible, muerta. Mentalmente, haz como si fueras esa piedra, y «siéntete» como ella, y quédate así inmóvil, durante medio minuto o más. Abre los ojos. Descansa.
En el cuarto momento, imagina «ser» como ese gran árbol, «siéntete» por un minuto como ese árbol: vivir sin sentir nada. Abre los ojos. Tienes que encontrarte aliviado y descansado.
c) Preparación. Toma el reloj en tus manos, quédate inmóvil, mirándolo.
Con gran tranquilidad, fija tus ojos en la punta del segundero. Sigue con tu vista el girar delsegundero, durante un minuto, sin pensar ni imaginar nada. Tu mente está vacía.
Repite eso unas cinco veces.
Si se interfieren distracciones, no te impacientes. Elimínalas y continúa tranquilamente.

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A modo de evaluación, pregunté muchas veces a los grupos cuál de las tres modalidades les ayudaba a conseguir el vacío. Casi unánimemente me respondían que la primera modalidad (letra a).
Ejercicio de RELAJAMIENTO

¿Qué se pretende?
Este ejercicio pretende, directamente, relajar y pacificar todo el ser. Indirectamente consigue el dominio de sí y la concentración mental.
Consigue también --cuando se hace bien- eliminar las molestias neurálgicas y aliviar los dolores orgánicos.
¿Cómo se practica?
En primer lugar la preparación.
Cierra los ojos, hazte presente todo tú (tu atención completa) en tu cerebro, identificándote con la masa cerebral. Con atención y sensibilidad detecta el punto exacto que te molesta o está tenso. Con gran tranquilidad y cariño, muy identificado con ese punto, comienza a decir, pensando o hablando suavemente: Cálmate, sosiégate, estate en paz..., repitiendo varias veces esas palabras hasta qua la molestia desaparezca.
Luego pasa (con la atención) a la garganta, y haz lo mismo hasta que todo quede relajado.
Después pasa al corazón. Identifícate atencionalmente con ese noble músculo, como si fuera una «persona» diferente. Es necesario tratado con gran cariño, ya que lo maltratamos frecuentemente (cada euforia y cada disgusto es una agresión).' Quédate inmóvil, y con paz y cariño «ruégate»: Cálmate, funciona sosegadamente, más lentamente.. . Repite esas palabras varias veces hasta que el ritmo cardíaco se normalice.
Los tesoros más grandes de la vida serían esos dos: control mental y control cardíaco. ¡Cuántos disgustos se evitarían! Estarían de sobra muchas de las consultas médicas, se prolongaría la vida y se viviría en paz. Con paciencia y constancia pueden adquirirse.
Luego pasa al área grande del estómago y pulmones. Recuerda dónde se siente el miedo, 'la ansiedad y la angustia: en la boca del estómago. Quédate inmóvil y detecta con atención y sensibilidad las tensiones y las acumulaciones nerviosas, y tranquiliza todo diciendo las mismas palabras de arriba.
Si en este momento sientes algún dolor orgánico, pasa mentalmente ahí, y alivia ese dolor con las palabras de arriba.
Reinando la calma en tu interior, date un paseo rápido por la periferia del organismo. «Siente» que la cabeza y el cuello, en su parte exterior, están relajados. «Siente» que están sueltos y relajados los brazos, las manos, espalda, abdomen, piernas, pies...
Para terminar experimenta, de un golpe e intensa- mente, lo que voy a decir en este momento: en todo mi ser reina una completa calma.

Ejercicio de CONCENTRACIÓN

¿Qué se pretende?
Dos cosas: la facilidad para controlar y dirigir la atención, y en segundo lugar unificar la interioridad.
¿Cómo se practica?
Haz la preparación. Quieto, tranquilo, con la actividad mental reducida al mínimo posible, percibe el ritmo respiratorio. No pensar, no imaginar, no forzar el ritmo, simplemente percibir el movimiento pulmonar durante unos dos minutos. Sé espectador de ti mismo.
Después, más inmóvil y tranquilo todavía, quédate atento y sensible a todo tu organismo, y detecta en alguna parte de tu cuerpo los golpes cardíacos. Repito: en cualquier parte de tu cuerpo. Cuando los hayas localizado (vamos a suponer, por ejemplo, en el contacto de los dedos o en otra parte) quédate «ahí», centrado, atento, inmóvil durante unos dos minutos, «escuchando».
Finalmente llegamos al momento más alto de la concentración: la percepción de tu identidad personal. ¿Cómo se hace? Es algo simple y posesivo. No pensar, no analizar sino percibirse. Tú percibes y, simultáneamente, eres percibido. Te quedas concentradamente contigo, identificado contigo.
Para conseguir esta impresión, que es la cima de la concentración, te ayudará el decir suavemente varias veces: fulano (di mentalmente tu nombre) yo soy yo mismo... Yo soy mi conciencia.. .

Ejercicio AUDITIVO
¿Qué se pretende?
Concentrarse.
¿Cómo se practica?
Haz la preparación. Quédate inmóvil, mirando a un punto fijo, toma una palabra y ve repitiéndola lentamente durante unos cinco minutos, en cuanto todo vaya desapareciendo en tu interior. Sólo que- da la palabra y su contenido.
Las palabras pueden ser éstas: paz, calma, nada... Para ayudar a la oración, pueden ser: mi Dios y mi Todo.
Ejercicio VISUAL
¿Qué se pretende?
Concentración y unificación.
¿Cómo se practica?
Haz la preparación. Toma una imagen (por ejemplo, una figura de Cristo, de María, o un paisaje), en una palabra, una estampa que te evoque muchas cosas.
Colócala en las manos, delante de los ojos. Con gran tranquilidad y paz, extiende tu mirada sobrela imagen durante un minuto.
En segundo lugar, durante unos tres minutos, trata de «descubrir» los sentimientos que la imagen te evoca: intimidad, ternura, fortaleza, calma...
En tercer lugar, trata de identificarte con esa imagen, y sobre todo con los «sentimientos» que has descubierto. Y acaba el ejercicio «impregnado» con esos mismos «sentimientos» .


Fr.IGNACIO LARRAÑAGA O.F.M. Cap.

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