domingo, 15 de abril de 2012

LAS TRES "S" DE LA MISERICORDIA



El mensaje de la misericordia es que Dios nos ama, nos ama a todos, sin importar la magnitud de nuestros pecados.  Dios quiere que reconozcamos que Su misericordia es más grande que nuestros pecados, para que podamos invocarlo a Él con confianza, recibir Su misericordia y dejar que ésta fluya a través de nosotros hacia los demás.  Así, todos llegarán a compartir Su alegría.  Es un mensaje que siempre podemos tener presente sencillamente al acordarnos de la letra "S", como en "Señor".
Solicite Su misericordia.  Dios quiere que nos Sacerquemos a Él orando sin cesar,arrepintiéndonos de nuestros pecados y pidiendo que El derrame Su misericordia sobre nosotros y el mundo entero.
Sea misericordioso.  Dios quiere que recibamos OSu misericordia y que la dejemos fluir a través de nosotros a los demás.  Quiere que demos amor y perdón a otros, como Él nos lo da a nosotros.
Sin cesar confíe completamente.  Dios quiere que sepamos que las gracias de Su misericordia dependen de nuestra confianza.  Cuanto más confiemos en Jesús, tanto más recibiremos.


Solicite Su misericordia
Por medio de la Pasión y muerte de Jesús, un mar infinito de misericordia se hizo disponible para todos nosotros.  Pero Dios, que nos creó libres, no nos forzará a que aceptemos lo que nos ofrece, ni siquiera Su misericordia. Él debe esperar a que nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados y pidamos:
 «Pedid y se os dará... porque todo el que pide, recibe ... » (Mateo 7,7-8).
La Sagrada Escritura está llena de ejemplos de cómo confiar en Dios y pedir Su misericordia: los Salmos; la fe de Abrahán y Moisés, hombres que suplicaron y "negociaron" con Dios; el hombre que persuadió a su amigo a que se levantara a medianoche para que le prestara un poco de pan; la viuda persistente que consiguió la justicia del juez injusto; la mujer cananea que "discutió" con Jesús acerca del derecho que ella tenía de Su misericordia; y el ejemplo de María, cuya petición de misericordia en Caná resultó en que Jesús hizo Su primer milagro público, así reconociendo que Su hora sí había llegado.
El Papa Juan Pablo II repite este mensaje bíblico con una urgencia nueva para nuestros tiempos:
"En ningún momento y en ningún período histórico - especialmente en una época tan crítica como la nuestra - la Iglesia puede olvidar la oración que es un grito a la misericordia de Dios... La Iglesia tiene el derecho y el deber de recurrir al Dios de la misericordia «con poderosos clamores»" (Rico en misericordia, 15).
A la beata Sor Faustina, Jesús le reveló nuevamente este mensaje.  Le dio tres formas nuevas de pedir la misericordia por méritos de Su Pasión: 
la coronilla a la Divina Misericordia,
la novena a la Divina Misericordia y
la oración a las tres de la tarde.
Además, Jesús le enseñó a transformar su vida cotidiana en una oración continua por la misericordia.  A través de ella, el Señor nos llama a todos a pedir Su misericordia:
Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. 
A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden.  No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión (Diario, 1146).
Tú tarea y empeño aquí en la tierra es implorar la misericordia para el mundo entero.(Diario, 570)
Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada (Diario, 1541). 
 
  

Sea misericordioso
La misericordia es el amor que se esfuerza por aliviar la miseria de otros.  Es un amor activo, derramado sobre otros para sanar, consolar, confortar, perdonar y quitar el sufrimiento.  Es el amor que Dios nos ofrece y es el amor que Él exige de cada uno de nosotros hacia el prójimo:
«Os doy un mandamiento nuevo... Amaos unos a otros como yo los he amado.» (Juan 13, 34). «Sean núsericordiosos, como su Pade es núsericordioso» (Lucas 6, 36).
Repetidas veces la Sagrada Escritura nos recuerda que la medida que usemos con otros, Dios la usará con nosotros (Lucas 6, 38), porque ciertamente Él «(nos perdonará) nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6,12-14).
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5, 7), pero «el juicio será sin misericordia para el que no ha tenido misericordia» (Santiago 2,13).  Las parábolas del "Buen samaritano", el "Hombre rico y Lázaro" y el "Siervo que no quería perdonar", nos demuestran esta verdad esencial: solamente dando misericordia podemos esperar recibirla; ya que seremos juzgados según nuestras acciones misericordiosas hacia otros: «Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer .. » (Mateo 25, 35-46).
 

 ¡Qué fuerte le habla nuestro Señor a Sor Faustina sobre esto!
Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí.  Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte... porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742).  Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio (Diario, 1317).
¿Cómo ponemos la misericordia en práctica?  Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones, haciendo obras corporales y espirituales de misericordia (vea el interior de la portada delantera) y desarrollando una actitud de misericordia en nuestras vidas diarias.  Cada día podemos responder a la gente y a las circunstancias que encaramos sumergiéndolas en el mar de la misericordia de Dios.  En vez de "maldecir la oscuridad" y desesperamos sobre la condición del mundo, bendecimos al mundo con la misericordia de Dios y así dejamos que Dios lo sane.
 

Sin cesar confíe completamente
La confianza en Jesús es la esencia del mensaje de la misericordia.  Cuando vamos a una fuente, podemos sacar agua mientras tengamos un vaso o un recipiente en que poner el agua.  Si nuestro vaso es pequeño, sacaremos poca agua; si es grande, podremos sacar mucha.  Y todos los que tengan un vaso podrán sacar agua de la fuente.  El agua está ahí para nosotros y no se excluye a nadie.  Lo único que necesitamos es un recipiente.
Igualmente es con la misericordia de Dios.  En diversas revelaciones a Sor Faustina, nuestro Señor explica que la fuente es Su Corazón, el agua es Su misericordia y el recipiente es la confianza.
He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia.  Que todas las almas tomen vida de ella.  Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia (Diario, 1520).  En la cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna (Diario, 1182).  Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Ti confío (Diario, 327).  Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza.
Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá (Diario, 1578).
Repetidas veces en el Diario de la beata Sor Faustina, oímos a nuestro Seiíor recordamos que podemos confiar en Su amor y que sólo Él merece nuestra confianza:
Soy el Amor y la Misericordia Mísma. (Diario, 1074). Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata (Diario, 699).  Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero... permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti.  Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido (Diario, 1485). Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada (Diario, 1777).
Pero la confianza es mucho más que solamente creer que Dios es conflable.  Tenemos que actuar a base de esta creencia.  La confianza comprende una vuelta a Dios, una conversión verdadera y total de nuestras vidas a Dios, el arrepentirse de nuestros pecados y perdonar a los demás.  La confianza es una fe viva.
En 1931, en una visión, la beata Sor Faustina vio a Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía la mano derecha levantada para bendecir.  Su mano izquierda tocaba la túnica sobre el corazón del cual salían dos rayos grandes: uno rojo y otro pálido.Sor Faustina miraba a Señor atentamente y en silencio, su alma llena de asombro, pero también de una inmensa alegría.  Jesús le dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma : Jesús, en Tí confío. Prometo que el alma que venere ésta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos, y sobre todo, a la hora de la muerte: Yo Mismo la defenderé como Mi Gloria (Diario, 47-48). Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias.  Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Ti confío (Diario, 327).  Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero (Diario,47)
 Apetición de su director espiritual, la beata Sor Faustina preguntó al Señor sobre el significado de los rayos en la imagen.  Como respuesta oyó las siguientes palabras:
Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas... Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alacanzará la justa mano de Dios (Diario, 299).  A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil (Diario, 742).

Se han pintado varias versiones distintas de esta imagen, pero nuestro Señor aclaró que la pintura en sí misma no es lo que es importante.
Cuando la beata Sor Faustina vio por primera vez la imagen original que se pintaba bajo su dirección, lloró de decepción y se quejó a Jesús: "¿Quién Te pintará tan bello como Tú eres?" (Diario, 313).
Como respuesta oyó estas palabras:
No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia (Diario, 313).

Por tanto, independientemente de la versión de la imagen que preferimos, podemos estar seguros de que es un vehículo de la gracia de Dios si se la venera con confianza en su misericordia

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